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| Se fue el Negrito Contento Maestro Alfonso Córdoba “El Brujo” |
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| Escrito por Editor | ||||||
| Jueves, 02 de Julio de 2009 17:47 | ||||||
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Alfonso Córdoba, nace a la música de la mano de su padre Salomón Córdoba, un carpintero de ribera e influenciado por Cupertino Murillo, en tiempos de los bogas en el Chocó, “tiempos en que este oficio implicaba gran destreza con la palabra y la música”, los cuales le trasmiten motivos para sus conocimientos artísticos. A la edad de ocho años, se involucra en los coros de la escuela e iglesias y más tarde recorre la costa Pacífica Chocoana y el Baudó, en donde descubre gran parte de los aires autóctonos incorporándolos a su sentir musical, como el “Kilele de Monte profundo” Posteriormente viaja a Barranquilla, su ciudad durante 18 años, en donde alterna su labor como orfebre y músico creando 'Los mayorales del ritmo', su primera agrupación. Con esta participa en eventos de aficionado en la radio. Entre los oficios que realizó Alfonso Córdoba, están la talla en madera y la orfebrería. Fue herrero, ‘anzuelero’, trabajó con caucho. En la orfebrería tuvo como maestra a la naturaleza, y ganó el Premio Nacional de Joyería en Artesanías de Colombia, con la obra: El mercader chocoano. En los años 80 viajó a Bogotá, con la promesa de integrar al 'Grupo Niche' como cantante y compositor, algo que jamás ocurrió, y donde se abrió paso al conformar el grupo 'El brujo y su banda'. Además de la música, este hombre incursionó en la historia de Quibdó con talla en madera y construcción de instrumentos musicales. Su vida como dibujante, narrador oral y disfracero, estuvo unida a espacios identificadores, como el barrio 'Nuestro Da Vinci negro', como lo llama Carmelo Enrique Rentería Cuesta, fue la biblioteca musical del Pacífico, al alcanzar “más de 800 composiciones propias". En sus últimos días estuvo participando de un documental sobre su vida y obra con Lucas Silva y grabó con Alexis Lozano, director de Guayacán, un disco de música chocoana y son, que no alcanzó a ver publicado. Él sentía que se iba a ir y por eso quería que el CD saliera pronto. En sus años finales se sentía estancado, con grandes ideas y necesidad de realizar muchas obras: réplicas de disfraces, montar la joyería, producir cine y participar en obras de teatro con los muchachos de Revulù que lo animaban. El Brujo soñaba con hacer un disco acompañado de una filarmónica para difundir “la música perdida del Chocó”, armar un concierto de cámara donde los protagonistas fueran un grupo polifónico de niños, cantar a capella, alabados y, en general, cantos tradicionales del Pacífico. El discurrir del “embrujo de sus cualidades puestas al servicio del folclor” El negrito Alfonso se fue contento, con la seguridad del deber cumplido en la tierra; con la música y sus disfraces, y la tranquilidad de saber que con su trabajo en las artes engrandeció lo que más amó: su barrio
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| Última actualización el Jueves, 02 de Julio de 2009 17:54 |








